Con “ilusión, pero sobre todo con responsabilidad” encaran los arquitectos José María Cabezudo Onzain, María del Cobre Carballo Alonso y Pelayo Infiesta de la Roza la rehabilitación de la histórica capilla de San Esteban del Mar, tras haber recibido el visto bueno del Principado a través del Consejo de Patrimonio Cultural de Asturias, tal y como adelantó ayer LA NUEVA ESPAÑA. En el caso de Cabezudo a la ilusión y la responsabilidad se suma la emoción de poder sacar adelante uno de los proyectos que no pudo completar su padre, fallecido en 2015 con solo 60 años.
El plan, tanto de los arquitectos como del CLUB ROTARIO DE GIJÓN que lo impulsa, y de la Compañía de Jesús, como promotora del arreglo de una edificación que está dentro del recinto de la Fundación Revillagigedo (el popular Gedo de El Natahoyo ), va mucho más allá de consolidar la estructura del edificio, dejar atrás las secuelas de años de abandono y recuperar todas las piezas originales posibles. Se trata sobre todo de dar vida y protagonismo a una de las construcciones más antiguas de la ciudad. Si no la que más.
Un documento firmado el 10 de febrero de 1651 refleja cómo los señores de la Casa de Ramírez, Alonso Ramírez de Jove y su esposa, Margarita de Valdés Miranda, fundaron y dotaron la capilla de San Esteban en El Natahoyo. Pero hay otra fecha anterior, 1648, que se puede ver en la capilla junto a un escudo y que se entiende indicaría el fin de su construcción, para la que se trajeron restos de una antigua capilla de Tremañes. En la de San Esteban hubo culto religioso hasta que los herederos construyeron no muy lejos la iglesia de San Esteban del Mar, hoy iglesia parroquial y activa desde 1968.
Para dar a la capilla la relevancia que debe tener por su antigüedad y por ser uno de los bienes de interés cultural (BIC) más significativos de Gijón, una de las ideas del proyecto es modificar el actual cerramiento para que la capilla se integre dentro de la trama urbana de El Natahoyo y “deje de pasar inadvertida para la mayoría de los ciudadanos y visitantes”, explican los arquitectos en su memoria de trabajo. Encorsetada entre los restos de Naval Gijón, un callejón sin salida y el recinto del Gedo nadie eleva la mirada al pasar a su vera por la transitada calle de Mariano Pola.
Si todo sale según lo previsto, El Natahoyo podría presumir de un pedacito de su historia, pero además sumar un centro cultural a la vida del barrio. Ese es el uso que se quiere dar a esos metros cuadrados que, tras dejar de servir a la oración, se usaron para casi todo. La historia y las modificaciones que sobre el diseño original tanto interior como exterior se pueden encontrar en los restos de la capilla demuestra que tuvo utilidad como dispensario médico, gimnasio y sala de ensayos musicales. Ahora es un almacén del centro educativo.
Dicen los arquitectos que la capilla ha sido “víctima de los numerosos usos a los que ha sido sometida y del poco mantenimiento que se le ha dedicado”. El listado de problemas incluye desde una mala reforma de la cubierta que dejó una parte sobrecargada, afectación en los muros de carga, un alero dañado y una apertura de ventanas que causó grietas. En el interior no hay rastro de solado, pero sí restos de todos los acabados que tuvieron las paredes, incluidos alicatados, según fuera dispensario o gimnasio; y un falso techo que cubre la parte de la nave.
La rehabilitación supone consolidar la estructura y sanear el espacio interior usando materiales y técnicas tradicionales. Todo preservando “elementos y acabados que contribuyan al carácter original de su configuración” para que vuelva a ser la verdadera capilla de San Esteban del Mar.
https://www.lne.es/gijon/2021/02/14/san-esteban-mar-olvidada-capilla-34694805.html