Marcos Morán, chef de Casa Gerardo, recibe el premio de los Rotarios de Gijón: «Con los objetivos hay que tener cuidado porque en una de estas los logras y luego a ver qué haces con tu vida»

«Relativizo lo bueno y lo malo; lo único que me puedo autoexigir es trabajar, dar de comer y tratar bien a la gente. El resto no depende de mi»
«Ayudar, como cada uno pueda, es gratificante y engancha. Es como una droga»
«Todo el mundo quiere hacer las cosas rápido y descansar. Hay quien dice que se quiere jubilar a los cincuenta, pues me parece muy bien pero ya te puedes morir a los setenta porque no quiero pagar tu vida, campeón»

Marcos Morán (Prendes, 1979) es el chef titular del histórico restaurante Casa Gerardo. Recibe mañana el premio Paul Harris Fellow que le entrega el Club Rotario de Gijón. Será en Finca Villa María a las 20.30 horas. En estas líneas repasa su profesión, el reconocimiento, lo que significa el éxito y su receta para la vida. Da respuestas, pero sobre todo lanza preguntas importantes.

Un orgullo, aunque me da un poco de pudor recibir premios que no sean de la profesión. No estoy acostumbrado, pero si me ven digno encantado de recibirlo.

Ilusión hará.

Cualquier premio en tu tierra y en este caso, que es por hacer cosas por los demás, te remueve un poquitín más por dentro. Estos premios no se buscan. Aperecen y los aceptas encantado. Será un día bonito, con los nuestros. Yo es que relativizo todo en general. Lo bueno y lo malo. No puedo ponerme tremendamente contento porque procuro que, cuando vienen mal dadas, tampoco estar muy triste.

Entender que hay cosas que no dependen de uno ayuda.

Totalmente. Hay una cosa que intento enseñar a mis hijos: todas las mañanas son una oportunidad. Hay que levantarse con ganas de hacer las cosas bien y ser feliz con uno mismo. Así, si un día por lo que seas fracasas o cometes un error, que serán la mayoría, vas a la cama, reseteas y al día siguiente tienes la eterna oportunidad de seguir a gusto. Al contrario viviríamos con una carga demasiado grande haciéndonos responsables de todo lo que hacemos mal.

¿Su gran secreto es el trabajo?

El único. Trabajar, estar a gusto contigo y tener clara tu visión de vida. La nuestra es trabajar, dar de comer y tratar a la gente lo mejor posible. Solo eso te puedes exigir. Lo demás tiene que venir solo. No depende de ti.

Volviendo al premio, que es por ayudar. Ayudó en la Dana, colabora con la Cocina Económica, el Albergue…¿Qué le lleva a ello?

No es una cuestión de devolver, ni nada de eso. Aunque la gente crea que son actos de bondad, son los mayores actos de egoismo que se pueden tener. Ayudar, cada uno como pueda, es gratificante y engancha. Usar tu tiempo, poder y posición para ayudar a gente que no lo tiene es casi una droga. Es una satisfacción para uno mismo. El efecto que causas es muy positivo, pero el primer efecto es en uno mismo.

Es interesante eso que dice.

Al final organizar cosas y rascarle a la gente el dinerín cuesta un huevo. En este tipo de cosas, los logros, aunque sean pequeños, sí los magnificas porque lo que estás haciendo es bueno. Al final, es una necesidad vital mía. Ves que la gente lo necesita y me encuentro mejor haciéndolo. No es por los premios, que me importan muy poco.

Ayudar, ayuda.

Es que… ¿qué cuesta dar por la mañana los buenos días? ¿O dar unos céntimos al señor del súper mirándole a la cara? Es gratis. No hacerlo es absurdo. Generas una mala imagen y un mal cuerpo tuyo innecesario. Todo el mundo, cada uno en su posición, puede colaborar. Siempre. Otra cosa es que no lo haga porque no confie o no tenga la suerte que tengo yo de tener el contacto que he tenido y saber que el dinero va a sitios que lo usan con conciencia.

Está el factor tiempo.

No tener tiempo es una mentira. Tiempo tenemos todos. Otra cosa es que no apetezca. Ojo, que no pasa nada. Juzgar a los demás es la mayor pérdida de tiempo que puede haber. Lo que digo es que el único motivo por el que se hacen las cosas es porque la gente quiere. No hay otro.

Cambio de tercio. ¿El boom de la cocina, de los influencers y los concursos, ya lo hemos aterrizado?

El ‘hype’ se ha estabilizado. Corremos, eso sí, el riesgo de la modernidad extrema. Es algo social, no solo de la cocina. El mundo, con las redes sociales, va a una velocidad que nadie puede manejar. Se generan iconos tempranos. No merece la pena pelear con ello. Solo hay que exigir a esa gente que aparece ahora con dos años de restaurante, o de cualquier disciplina, que la notoriedad conlleva una responsabilidad que no sé si van a querer.

Hay casos.

El ejemplo más claro son los futbolistas. Nos encanta que chavales de 17 años sean los líderes y los que más molen. Pero luego, cuando se les critica por sus comportamientos fuera del campo, está la excusa de la juventud. No, no, si tienes unos años para una cosa, los tienes para la otra. Si quieres ser un cocinero al que la gente le destaca debes encargarte también de liderar el sector. Lo que pasa es que no saben y no pueden. Y es lógico, pero es que lo ilógico es tener el foco de los medios.

Prosiga.

¿Si empezamos a salir en la foto tan pronto cuando llevemos diez años, que aún no hemos empezado casi ni a trabajar, nos van a quedar otros treinta o cuarenta por delante? Me encuentro mucha gente que dice que a los cincuenta se quiere jubilar. Joder, pues como no te mueras a los setenta yo no te quiero pagar tu vida, campeón. Todo el mundo quiere hacer las cosas rápido, llegar y luego descansar. ¿Pero descansar de qué? Para eso primero hay que trabajar.

Igual es que se ha olvidado que llegar es fastidiado pero…

¡Pero que llegar no es fastidiado! ¡Que es mentira! Llegar es de puta madre, pero es lo peor que te puede pasar. Lo peor para un profesional es conseguir sus objetivos finales porque luego no tienes nada que hacer. Hay un discurso muy famoso de Matthew McConaughey cuando recibió el Oscar. Su aspiración era llegar a ser la persona que querría ser dentro de diez años y de esa manera nunca iba a llegar porque, cada vez que lo hiciera, tendría alguien por delante con diez años más.

Ya..

Con los objetivos hay que tener cuidado porque en una de estas los logras y luego qué haces con tu vida. Disfruta el camino, tu vida e intenta disfrutar tu trabajo. Ten al lado a la gente que quieres y pásalo bien porque si tienes suerte y el mundo va como tiene que ir esto dura. Creo que hay un problema y es que a la gente no le gusta su profesión, sino el éxito. Y eso se acaba. Lo que se queda es tu vida, la profesión y la familia.

Diario La Nueva España

Pablo Palomo / Marcos León

https://www.lne.es/gijon/2026/05/27/marcos-moran-chef-casa-gerardo-130724300.html